Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Nueva en el infierno
Lun Jul 07, 2014 1:04 am por luz de luna

» Serie Rachel Morgan - Kim Harrison
Lun Jul 07, 2014 12:09 am por luz de luna

» la hermandad de la daga negra
Miér Nov 28, 2012 9:15 pm por Danger

» La pereza.
Vie Oct 19, 2012 1:35 am por anahi fanel

» si el de arriba fuera un animal
Miér Dic 14, 2011 2:40 am por alisha

» ¿que fruta comerias con el de arriba?
Miér Dic 14, 2011 2:39 am por alisha

» castas - lora leigh
Vie Dic 02, 2011 5:58 pm por alisha

» ¿Que canción estas escuchando?
Vie Dic 02, 2011 5:53 pm por alisha

» Pretty Little Liars
Lun Nov 14, 2011 1:33 am por Danger

Marzo 2017
LunMarMiérJueVieSábDom
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Calendario Calendario

Bienvenido a The way to hell. Un foro en el que podras conocer gente, leer relatos y divertirte. Te deseamos una feliz estancia en nuestro infierno. Danger y Nyxx.

Deseo Oscuro

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Deseo Oscuro

Mensaje por Nyxx el Lun Sep 06, 2010 3:29 pm

Esta historia y sus personajes son producto de mi alocada imaginacion. XD Me ha llevado muchas horas y quebraderos de cabeza.
Advertencia: Contiene escenas de sexo y violencia.
Solo espero que les guste y disfruten de ella, como yo lo hice escribiendola. Besos.


Safe Creative #1006186628433


Deseo Oscuro

Rito viejo como el tiempo,
como el mundo,
pero siempre deslumbrante
en la palabra cuando dices:
Bájate la luz...
y yo inauguro el sol
en mitad de mi sexo
y me decido a reinventar el mundo
o lo que es más: a desafiar la muerte.


Uno

Luna


¡Corre! Corre más rápido.


Ese era el único pensamiento que atenaza mi mente, el huir lejos, donde fuera. Los músculos de todo el cuerpo me piden a gritos que baje el ritmo, pero tengo que huir.
De que debo hacerlo, no lo recuerdo; giro a la derecha, enfilo un callejos oscuro velozmente, noto las piernas tirantes y jadeo por el esfuerzo. Doy de bruces contra una pared y caigo sobre la espalda, gimo por el dolor del golpe que me recorre toda la columna.

Mierda, un maldito callejón sin salida. Pienso mientras me arrastro. Ponte en pie me grito mentalmente. Tengo que salir de esta…

Me pongo en pie, tengo las palmas magulladas, escuecen. Algo se mueve en las sombras, me atenaza el pánico y siento que me pongo rígida y muerdo mi mejilla para no gritar. Distingo un destello entre tanta oscuridad, estoy temblando de miedo. Ahora o nunca, hecho a correr. Pero algo me agarra del brazo, siento una mano fuerte que me sujeta, pero no oprime.

Se filtra un tímido rayo de luna entre las nubes y es cuando dislumbro algo de la persona que me retiene, amigo o enemigo, ya no lo se. No se nada.
Es un hombre, vestido completamente de negro. Alto, mucho mas alto que yo; A su lado parezco una niña, debe medir cerca del metro noventa. Espalda ancha, el brazo que me sostiene es musculoso, pura fibra. Piernas largas y esbeltas, junto con una cintura estrecha… perfecta para abrazar con las piernas. Deja de pensar eso, me recrimino.

Levanto la mirada hasta su cara, es angulosa, de rasgos muy marcados, los labios marcha un rictus duro. Su mirada es fiera, me observa como si fuera un desecho. Percibo algo más, que no se describir, es una sensación extraña.

Intento zafarme de su agarre, pero no cede ni un milímetro.

- ¿De que huyes caperucita roja? -pregunta con una voz profunda. Que me recorre toda la espalda.

De pronto recuerdo donde estaba, me encontraba en esa maldita fiesta de disfraces, a la que no quería ir. Salí fuera a tomar el aire… había un chico, rubio. Hablamos, no consigo recordar nada más… Solo que debía correr. Correr, ¿de que? No lo recuerdo.
Un intenso dolor me atenaza las sienes. Duele pensar. Mi captor me zarandea, esperando una respuesta.

- Tengo que correr… -digo débilmente, como un suspiro.

El dice algo que no consigo entender. Me aparta y se pone frete a mi de espaldas, parece adoptar una posición defensiva. Me asomo desde detrás de su espalda, dos figuras entran en el callejo. Uno es el chico rubio de la fiesta. Entro en pánico, mi mente repite una y otra vez que corra, como un mantra siniestro.

- No huyas… -sisea la masa voluminosa que me cubre-, eso es lo que quieren. Lo que los motiva, relájate. -dice con una extraña convicción.

Intento respirar tranquilamente, hasta ahora había estado lanzado pequeños quejidos, de los que no me había dado cuenta. Una extraña sensación de falsa calma se instala en mi.

Mi defensor, del cual no se nada, saca unos enormes cuchillos que brillan con el reflejo de la luna. ¿Cuándo me he metido en una lucha? Pero pese a que debería estar gritando, no tengo ganas de hacerlo. Me siento segura, no se si me seguiré sintiendo así más tarde.

- Dame a la chica - dice una voz que reconozco, es el chico rubio. Alex, se llamaba Alex, eso fue lo que me dijo.

- Dánosla, y no te pasara nada…

No le da tiempo a terminar la frase, cuando mi desconocido se lanza hacia ellos con una velocidad poco natural. Solo distingo el brillo de las armas y el movimiento de los cuerpos, me digo que es por el miedo. Algunos gritos y juramentos rompen el silencio de la noche, pero no alerta a los habitantes de las viviendas cercanas, bien por que esta acostumbrados o por que no quieren problemas. Debería huir ahora que esta distraídos, pero estoy estática, clavada en el suelo. En esa extraña calma que me envuelve.
La pelea se detiene, no se quien será el vencedor. No me interesa demasiado que ninguno de los contrincantes salga bien parado. Algo me dice que sea quien sea voy a perder yo.

Esa gran masa que se supone que es mi defensor, se da media vuelta y se dirige hacia mi. Con la mirada cargada de odio y hambre. No se si van dirigidos hacia mi, me encojo sobre mi misma, esperando pasar inadvertida. A su espalda veo lo que queda del chico rubio, Alex, y su compañero. No es más que una masa informe tirada en el suelo. Un escalofrío me recorre, pero no siento nada más. Solo tranquilidad.

- ¿Qué querían de mi? -pregunto.
- Diversión, sangre y muerte -dice esas tres palabras como si las conociera, casi como si lo acompañaran a diario.

- Vamos -dice tras una leve pausa, me agarra de la muñeca y tira de mi. Mi cuerpo choca contra el suyo, es duro. Emana calor y un olor dulce y especiado que se adhiere al paladar, sabroso. Siento como se me tiñen las mejillas de rojo. Un gruñido sale de su cuerpo y tira de mi hacia la salida del callejón, arrastrándome con él.

- Entra. -me ordena frente a la puerta abierta de un deportivo-. ¿Dónde era donde conociste a esos dos tipos? -dice tras entrar en el coche y ponerlo en marcha.

- En una fiesta…-contesto, él me lanza una mirada cargada de impaciencia-, en…en el centro.

Pisa el acelerador a fondo y nos lanzamos a la calle en una carrera que posiblemente sea mortal, pero solo para mi.
Llegamos al centro de la ciudad, cientos de personas disfrazadas, interpretado un papel. Unos más hábiles que otros, pero todos queriendo ser algo diferente, sintiéndose libres de ser lo que quieran o ser como son realmente.
Mi salvador, no se como llamarlo, escruta a la marea de gente que se contonea con la música, bebe y se dedica a otras cosas. Se ve fiero, como un lobo buscando una presa.
Y yo con este maldito traje de caperucita, este cuento no va a tener un final feliz.

- ¿Dónde vives? -pregunta tras unos minutos, dudo no se que contestar.
- En la calle Maine -digo, aunque no es mi dirección, no me fío de él-. ¿Cómo te llamas? -sale disparado de mi boca, no me da tiempo a detenerlo.

- Dante -contesta de mala gana.
- Yo me llamo, Luna -me mira de arriba abajo, como si lo hiciera por primera vez, una leve sonrisa cuelga de sus labios.

Arranca el coche sin decir nada más. Se dirige hacia la dirección que le he dado, lo se por que he vivido aquí desde pequeña. Es una ciudad tranquila, hermosa llena de gente joven. Lastima que últimamente la criminalidad halla ascendido, como lo que he vivido esta noche. ¿Realmente iban a hacerme algo esos dos chicos? Un escalofrío me recorre al darme cuanta que mañana podría haber formado parte de la crónica de algún diario de la ciudad.
Todavía puedo acabar en uno si no me deshago de mi acompañante. Casi estamos en la calle Maine, solo unos segundos más, le doy las gracias y me alejo. Lejos de él y de la sensación que se me despierta en el estomago.

Para el coche, me mira…

- ¿Estas segura de que vives aquí? -mierda, relájate miéntele…-. ¿Puedo subir a comprobar una cosa? -pregunta seguido.
- Yo… esto…no, no puedes subir…-digo, muerta de miedo.

Me escruta con la mirada, hago amago de bajarme del coche, me retiene poniéndome la mano en el muslo. El calor me invade donde me a tocado, siento mi cuerpo reaccionar con gusto, diciéndome que es solo el principio. Retira la mano de mi pierna, y siento la ausencia de su contacto como una bofetada. Me da miedo la necesidad que despierta en mi ese leve contacto, y el lo a notado.

- No te asuste -dice con ese sonido profundo que hace bribar mi piel-, solo quiero estar seguro de que no había más como los que te perseguían.

Y esa simple frase me vasta para créele, asiento con la cabeza como confirmación, no me salen las palabras. Pasados unos segundos le doy mi dirección y nos dirigimos hacia allí sin más palabras.

El viaje en ascensor a sido un tormento, su olor me golpeaba. Me confundía y me hacia sentir… no se como describirlo, necesitada de más. Abro la puerta de mi apartamento, mi pequeño refugio. Consta de una cocina pequeña al fondo, una sala que hace de entrada y el dormitorio. La parte que más me gusta es el balcón, me siento libre en el pese al tamaño, tan rebosante de vida. Esta lleno de plantas y flores mi pequeño oasis.
Revisa mi diminuta vivienda y se para frente a las puertas de corredera del balcón, escruta la oscuridad como si algo fuera a salir y mordernos, fiero, preparado para acabar con todo.
Lo miro, antes no me había fijado en su cabello, lo lleva por debajo corto, pero no demasiado, despeinado. Del color de la noche más oscura. Se gira mientras lo miro.
Me mira con una mezcla de diversión y algo oscuro que no se describir. De repente como un rayo me llegan imágenes de pura perdición, nuestros cuerpos enlazados. Me pierdo en el deseo…

Dante
Se que a sido un mal truco. De bandidos, pero muero por descubrir a esa caperucita de mirada fiera.
Su olor me llego a lo lejos, lavanda suave y delicada, mezclada con el miedo. Cuando la vi, el deseo de poseerla me golpeo en la entrepierna. Ese cuerpo de carne delicada, de generosas curvas en los sitios precisos, fuertes piernas. Labios gruesos jadeando por la carrera, las mejillas rojas dándole un toque dulce. Ojos grandes grises como dos luceros de luna. Luna, se llama. Mi Luna.

La observo mientras la invade el calor de lo que le voy a ofrecer. Las rodillas raspadas, el traje manchado y es puro pecado. Y por los Dioses que quiero sucumbir a el.
La tomo por la cintura, la arrimo a mi cuerpo. Atrapo sus labios entre los míos, la saboreo, sabe a lluvia de primavera. Muerdo su labio inferior, jadea, haciendo que la erección que aduras penas contengo en el pantalón me de un tirón.
Me froto con su cuerpo haciéndola temblar, esos mismos temblores recorren el mío. Bajo las manos a su trasero lo aprieto y la elevo, enrosca sus piernas en mi cintura.

Separo mi boca de la suya, lamo su cuello marcado un sendero húmedo hasta su clavícula, la mordisqueo. Pequeños suspiros de placer escapan de sus labios. Esto es solo el prepulió. Haciendo malabares la sujeto con una mano, con la otra bajo la cremallera de su vestido. Acaricio su espalda, recorriendo con la yemas su columna. Se estremece bajo mi tacto.
Bajo las mangas de su disfraz, mi caperucita. Besos sus hombros desnudos. Bajo hasta sus pechos y atrapo la bella protuberancia rosada, succionando suavemente, mordisqueando levemente. Se retuerce de placer en mis brazos, siento sus manos en mi nuca, sus gemidos sofocados en mi cabello.

La llevo a la habitación recostándola en la cama. La miro caliente y sonrosada por el deseo. Frotas los muslos entre ellos dejándome ver la diminuta prenda que esconde sus secretos. Me quito la ropa sin perder un segundo, la deseo, pero antes deseo hacerla gritar mi nombre.

Me coloco sobre ella, solo un leve roce sin dejar caer el peso de mi cuerpo, pero dejándola sentir mi excitación que palpita sobre su cadera. Beso sus labios, bajo por el valle entre sus pechos, mientras la despojo de su vestido. Me detengo en el estomago liso haciendo círculos alredor de su ombligo, eleva las caderas invitándome a seguir mi recorrido. Mordisqueo el hueso de su cadera, soplo haciendo que se le erice la piel.

Separo sus muslos con mis manos, tiembla de anticipación. Beso sus muslos suaves, calientes. Rozo los húmedos rizos que cubren su sexo, buscando la pequeña abertura.
Es el dulce infierno entre sus piernas, describo pequeños círculos sobre su hinchado clítoris, haciendo que se frote contra mi palma. El olor de su deseo es espeso, delicado.
Como su sabor, lamo mis dedos saboreándola, hundo la cabeza en ella buscando más de ese sabor a lluvia fresca.
Introduzco un dedo en su interior sintiéndola apretada y caliente, jadea desesperada iniciando un balanceo con las caderas que se acompasa al ritmo de mis caricias. Convulsiona es éxtasis gimiendo de placer, elevo la mirada buscando sus ojos que me miran empañados por el placer.
Relamo mis labios y le doy un ultimo beso en la cadera antes de colocarme sobre ella…


Luna
El orgasmo que he sentido a sido como una descarga de mil voltios, el calor se derramo por todo mi cuerpo despertando todo mis ser, que anhela sentir cada milímetro de su piel.
Se coloca entre mis piernas, su sexo presionando ligeramente el mío. Me beso duro con pasión y noto el sabor de mi excitación en sus labios. Me enciende más si cabe.

Recorro su espalda, cada músculo tenso preparado para envestir. Se introduce en mi interior lo siento duro y grande me llena por completo. Se detiene un segundo para que mi cuerpo pueda asimilar todo su miembro lo siento palpitar en mi interior. Caliente haciendo que me humedezca, empieza un suave balanceo con las caderas que chocan contra las mías. Siento punzadas de placer con cada envite.

Me acaricia los pechos y baja su boca hasta ellos haciendo que el placer aumente. Lo tomo en mi cuerpo con devoción y cuando se retira lo extraño. Tomo su rostro entre mis manos lo acerco al mío lo beso con agradecimiento. Me devuelve el beso invadiendo mi boca con su lengua que recorre mi paladar y entra en lucha contra la mía. Jadeo fuerte. Mi lobo feroz…

Dante
Siento que no puedo aguantar más, cada gemido y respuesta de su cuerpo. Jadeo fuerte un sonido ronco cargado de deseo. Aumento el ritmo de cada penetración para llevarnos a ambos al borde. Quiero caer entre sus piernas.

- Grita mi nombre cuando te corras, mi pequeña caperucita roja -digo y no reconozco mi voz cargada de deseo y necesidad.

Embisto cada vez más profundo y más rápido, siento que se acerca el clímax. Jadeos salen de su boca descontrolados roncos y es cuando escucho mi nombre cargado de deseo. Dante retumba una y otra vez en mi cabeza mientras me derramo en ella. Beso sus labios hinchados por los besos, dulcemente. Nos tumbo de costado uno enfrente del otro. Me mira con ojos saciados.

- Gracias…-susurra y cierra los ojos apretándose contra mi cuerpo…


Luna
Despierto con un dulce dolor entre las piernas que me recuerdan lo que paso anoche. Maravilloso y me sonrojo al recordarlo. Abro los ojos despacio. Estoy sola en mi cama.

Me invade un sensación de perdida. Hay una nota en la mesilla.

Este es un cuento sin final feliz mi
pequeña caperucita roja con ojos de Luna.

Dante.



Bienvenid@ Invitado


Nyxx
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Nyxx el Lun Sep 06, 2010 3:39 pm

Dos


Luna

La vida sigue su curso, cada noche soñaba con él, con cada beso.
El trabajo me aburre, siempre en esta aburrida oficina, esta maldita ciudad cada vez va a peor, sigue desapareciendo gente. La policía anda como loca, los periódicos hablan de asesinos en serie… y yo solo puedo pensar en Dante, en la lucha que mantuvo. Siento miedo por él.

El teléfono suena y sacando de golpe esos oscuros pensamientos. Es Darla.

- Dime… -contesto. Del otro lado del aparato me llega la voz de mi amiga que no para de gritar-. Darla para, no entiendo nada.
- Esta noche vamos al club nuevo del que te hable, tengo pases -grita histérica.
- La verdad es que no tengo…-no me da tiempo a acabar.
- De eso nada, vienes y punto. ¡Ah! Ponte el vestido rojo -Rojo, me produce una punzada en el pecho.
- De acuerdo -convengo-. Hasta la noche.

Estoy lista para salir. Vestido y zapatos a juego, reviso el maquillaje, unas gotas de perfume y lista. Me paro frente al espejo. Siento el estomago revuelto, estoy nerviosa.

Monto en el primer taxi que para, le doy la dirección y emprendemos la marcha. Las calles de la ciudad parecen un hormiguero repleto, la gente se aglomera en los bares y tiendas. Ya veo los neones de la entrada del club. Resplandecientes y molestos.

Bajo del coche y Darla se hecha sobre mi, me abraza y me plasma dos sonoros besos en las mejillas.

- Ya pensaba que no venias. Dios este vestido te queda genial -dice, como siempre un par de decibelios más altos de lo normal y sano.
- Gracias, no encontraba ningún taxi…-digo sin ninguna convicción.
- Entremos pues -me agarra y tira de mi hacia la puerta que esta abarrotada de gente haciendo cola. Darla enseña los pases y entramos, lo primero que me golpea es el ensordecedor ruido de la sala, la mas ingente que se mueve al compás del sonido balanceándose, rozándose unos contra otros. Y el calor sofocante de tantos cuerpos calientes.

Darla tira de mi hacia la barra que esta igual de abarrotada, pide dos Gin Tonic. Cuando el camarero le da la copa un pequeño trago, la mía la acabo de un trago. Me golpea en el estomago, pronto se me subirá a la cabeza. Me arrastro hasta la pista y me fundo en la masa convulsionante de cuerpos.
Deseando se como el humo de los cigarros y flotar lejos de todos.


Dante

Llevo días pensando en es cuerpo delicioso, hasta estuve por los alrededores de su edificio como un acosador. Gracia a los Dioses recobre la lucidez y me marche.
La deseo. Como no he deseado nada en mi vida. Mi caperucita roja. Mi perdición. Mía, grita mi cuerpo reclamándola.
Me dirijo a un nuevo club, hemos recibido información de actividad en la zona. Lo que es común cuanta más personas tienen mas posibilidades de pasar desapercibidos.
Las armas me pesan más que nunca, he recibido más heridas estos días que en años. Malditos ojos de luna. Maldito yo hasta la eternidad.

Entro en el club pasando como un rayo por la puerta, nadie me detiene. Me regocijo en el efecto que causo a estas débiles almas a las que jure proteger. Esclavo de los deseos y errores de otros.
Me arrolla como una marea el putrefacto olor de los cuerpos humanos que allí se reúnen. Se mezcla con el alcohol tornando una mezcla dulzona y repulsiva que me revuelve el estomago.
Inhalo fuerte con la inútil idea de que así desaparecerá, cuando capto el leve aroma de la lavanda fresca. Mi caperucita esta bailando al ritmo de la decadente música. Manos masculinas rozan su cuerpo, mi templo.
Contonea las caderas siguiendo su propio ritmo, con los ojos cerrados, ida. Siguiendo las pulsaciones del tecno y la masa humana que la rodea.

La observo entre las sombras. Lleva un ceñido vestido rojo que se adapta a cada curva de su cuerpo acariciándola cual amante. El perlo recogido, unos cuantos mechones de esas sedosas hebras caen por su nuca y espalda. Las mejillas sonrosadas le dan un aspecto delicioso y delicado.
La leve capa de sudor que cubre su cuerpo hace que la tela se adhiera a su cuerpo, una gota resbala entre sus pechos se la seca con una mano y se muerde los labios. La erección que llevo conteniendo desde que la vi me da un fuerte tirón con ese gesto. Muero por esos labios… Rojos.

Luna

Bailo al ritmo de la música me siento arder, elevándome al cielo. Siento las manos de los que bailan a mi alrededor sobre mi cuerpo, no me molesto en mirarlos. Solo quiero bailar y olvidar. Las cuatro copas que bebido ayudan haciendo que la cabeza me de vueltas y no consiga pensar nada coherente.
Me dejo llevar por el frenesí. Miles de ojos se posan en mi, noto unos que conozco muy bien… Mi lobo feroz.

Abro los ojos, cuerpos me rodean. Me siento liviana como una pluma, busco la mirada que pesa en mi cuerpo como una losa. Al fondo, donde están los reservados distingo una figura que me es familiar. Su largas piernas y anchos hombros cubiertos de cuero, su cabellos corto y esos ojos que destilan furia.
Separo a la gente a mi paso, algunos tratan de amararme a sus cuerpos otros dicen palabras que no escucho, me suena lejanas, extrañas.

Me dirijo hacia donde esta la figura masculina que me llama a grito.
Cuando estoy a escasos pasos de él, descubro que no es mi lobo. Mi Dante, mi infierno. Lo que veo no me desagrada, tiene el mismo porte misterioso y fiero. Sus ojos son de un verde fangoso extraños, casi no parecen humanos. Me come con la mirada, parece que le gusta lo que ve. Se acerca.

- ¿Quieres salir un rato? -dice contra mi oído, provocando un leve cosquilleo donde me roza su respiración.
- Si…- quiero olvidar, quiero dejar de ser caperucita. Quiero que me coma otro lobo.

Me pasa el brazo por la espalda y nos encaminamos hacia la salida. Siento una punzada en la boca del estomago. Me da igual. Esta noche seré la bruja mala del cuento…

Dante

Tonta caperucita, no se enterara nunca. La furia me hace arder la sangre. Mía grita mi interior cuado le habla en el oído. Caperucita no dejes que te coman.
Se me escapa todo el aire de los pulmones cuando los veo salir abrazados, niña estupida.

Los sigo a la salida, de lejos pero sin perderles el rastro. Se dirigen al callejón contiguo. Me oculto entre las sombras, mil veces maldita. Veo como la pega a la pared de ladrillo y ella arquea el cuerpo hacia él, voy a disfrutar descuartizándolo. Siento el peso de mis Kukris en sus fundas, dos gemelas implacables con sed de sangre deseosas de montar una buena fiesta con ese demonio.

El beso que viene a continuación me hace retroceder unos pasos, de mi pecho nace un rugido que retumba por toda la calle. Desenfundo las armas listo para empezar el baile.
Me sitúo a su espalda lo agarro por los hombros y lo retiro con fuerza empotrándolo contra la pared mas lejana a ella, desenvaino las Kukris listas para la acción. Lo he tomado desprevenido pero reacciona pronto, los de su especie tienen buenos reflejos, casi como los míos.
Desenvaina una pequeña daga curva y lanza el primer golpe, finto; Me lanza un revés que bloqueo con la kaura y con un leve movimiento de muñeca lo desarmo.
Y es mi turno de golpear, lanzo el brazo y acierto a la altura del hombro, impongo más fuerza de la necesaria. Corto hasta la clavícula el Kukri se clava en el hueso astillándolo, el maldito grita y yo lanzo una risa siniestra al cielo…


Luna

Este no es mi lobo, pero no me importa. Me siento flotar. Me pega a la pared siento el frío ladrillo en mi espalda, pero ya nada importa ardo, ardo. Me arqueo contra su cuerpo necesito el contacto masculino aunque no sea el que anhelo. Busca mi cuello siento un dolor insoportable, me a mordido. Y eso me agita entera.

Lava se extiende desde mi cuello al resto del cuerpo, se concentra en el pecho. Siento alivio cuando se retira bruscamente de mi. Pero dura poco, quema cada vez más. Las rodillas me fallan por el dolor y caigo al suelo como una muñeca de trapo, el golpe me sacude todo el cuerpo.

Escucho sonidos de lucha que evocan la pelea en la que conocí a Dante, el corazón me da un vuelco. Es el, lo siento en la piel, las vibraciones que desprende son únicas. Rebosantes de furia y determinación. Me vuelvo a perder en el dolor.

Recobro la conciencia, por un lastimero sonido, del que me doy cuenta que he producido yo. Un grito de dolor que eriza mi piel, hace que me de cuenta de que sigue la lucha. Recobro la conciencia pese al dolor que me recorre toda. Una risa o graznido demoniaco hace que me encoja en postura fetal.

Una extraña luz clara como un rayo me deslumbra, entre tanta luz distingo una forma oscura que me rodea calmándome con su cuerpo y su voz. Me aprieto contra él buscando alivio.
Negro, se vuelve todo negro. Pero aun floto liguera como una pluma entres sus brazos.


Dante

Ese hijo de puta la ha mordido y todo por mi culpa. Me costo una eternidad exiliar al maldito guerrero Khorne, se pasara una buena temporada en el otro plano, hasta que vuelva, si es que no se lo comen antes esos malditos carroñeros.

La dejo con suavidad en el coche, tengo que llevarla al recinto.
Temo por su vida. Le susurro al oído que todo ira bien. Y no creo ninguna de esas palabras. Solo deseo que ella si las crea.

Me maldigo mil veces. Arranco el motor que gime por el mal trato. Me lanzo a la carretera consumido por la locura. Muerto de miedo por perderla, tan dulce.

El camino me parece eterno, entres sus gritos de dolor digo que pasara que ya estamos cerca. Acaricio su cuerpo en un intento de que se calme parece que funciona.
Me juro que no volveré a tocarla, que no la corromperé con mi podrida existencia, todo ello recitado con la poco convicción de solo me estoy engañando a mi mismo. No quiero alejarme de ella.


Bienvenid@ Invitado


Nyxx
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Nyxx el Lun Sep 06, 2010 3:42 pm

Tres


Dante
Espero mientras la examinan, lleva más de una hora dentro de esa sala. Rodeada de gente, inconciente. Flácida en la camilla, ya hace tiempo que dejo de gritar y retorcerse. Mal nacido seas guerrero Khorne. Mal nacido yo.

Después de minutos que me parecen una eternidad, dicen que se recupera. Que solo necesita descanso. Exijo que la pongan en la pequeña estancia que es mi casa en el complejo.
No me discuten, si mis ojos reflejan la rabia que siento, él ser frente a mi no lo demuestra. No sienten nada, como debe ser, nos entrenaron para eso. Solo furia, brutalidad y sed de sangre. Pero siento esas y muchas más que ya no se reconocer. Giran dentro de mi en una espiral que me arrastra a la locura y deseo por todos los Infiernos caer en ella.


La dejo en habitación, lívida, demacrada y llena de rasguños. Beso su frente y rezo, como nunca he hecho en mi vida. Deseando que se recupere pronto.

Me dirijo a la instalaciones de entrenamiento, una fila de reclutas, por que eso es lo que somos un ejercito. Creado para desterrar a los demonios que no cumplen los tratados.
Están practicando Krav Maga. Luchan en grupos, uno en el centro mientras los demás lo golpean con armas de entrenamiento o con sus propios cuerpos. Todo vale para defenderse.
Es un entrenamiento brutal pero abarca muchas técnicas de combate y defensa personal. Las más valiosas son las desarme, nos adiestran en espacios cerrados, iluminación escasa, sentados, pero sobre todo en situaciones que podrían ser reales. Es muy sencillo, ya sea para defenderte o atacar; Tienes que ser el más rápido, el más fuerte, el más directo ya sea para escapar o para golpear.
No es un estilo de lucha, no se trata de ganar un combate, es más que eso, se trata de salir vivo haciendo uso de todo lo que tengas. Bocados, patadas, llaves, todo es valido.

Paso de largo, no tengo ganas de una lucha cuerpo a cuerpo.
Creo percibir la indignación de mis cuchillos. Voy a las sala de tiro que se encuentra vacía. Tomo la Beretta, siento su peso en mi palma. Esta bien calibrada, compruebo el cargador que contiene 20 balas , retiro el seguro, apunto y disparo una ráfaga que acierta de lleno en la diana. El clic del gatillo me saca de mis pensamientos. Vuelvo a cargar la pistola.


Luna
El dolor se fue dejando a su paso todo mi cuerpo entumecido. Creo recordar haber gritado por el ardor en mi garganta. Necesito agua, me levanto de la cama. Despacio pero aun así siento un pequeño mareo. Abro los ojos esperando ver una fuerte luz, nada solo oscuridad. ¿En el cielo hay camas? Desecho la idea, palpo a mi alrededor buscando algún interruptor.
Encuentro una pequeña lámpara sobre lo que supongo que es una mesita, la enciendo y produce una pequeña luz, suave que ilumina la habitación. Descubriendo mínimamente lo que contiene, estoy sentada sobre una cama de sabanas rojo sangre, intensas y bellas.
La habitación esta pintada en un liguero color marfil, los muebles son todos negros de corte moderno, un armario de cuatro puertas al fondo frente a la cama, ningún objeto personal que me diga a quien pertenece.

Hay dos puertas, pruebo con la que tengo más cerca, es el baño. Es grande de losa verde intensa. Una ducha grande con muchos chorros me llama como cantos de sirena.
Estoy pegajosa y manchada de mil cosas. Abro el grifo y sale agua clara limpia, caliente. Me quito la ropa y entro. El agua me recorre el cuerpo destensando cada músculo y relajándome entera. Esto si que es el cielo.

Un pensamiento me asalta. ¿Dónde esta Dante? Solo recuerdo que me llevaba contra su cuerpo y susurraba que todo saldría bien. Y le creí cada una de esas palabras.

Termino el baño y me envuelvo en una toalla blanca y esponjosa como la nieve.

- Mierda…-digo en voz alta, no tengo nada que ponerme, lo único que llevaba era una bata de hospital que he usado como alfombra. Me recrimino mentalmente por estupida.
Miro la habitación desando encontrar el vestido de anoche, ni rastro de el. Pongo mis ojos sobre el armario decidiendo si mirar en el, me decido por echar un vistazo. Cuando abro las puertas el olor de Dante golpea mi cuerpo, almizclada y calida como un abrazo.
Busco entre las perchas pero no encuentro mas que camisetas negras y pantalones del mismo color. Me inclino por una camisa que me llega a mitad del muslo. Para cubrir lo que la ropa interior que no tengo, debería hacer.

Me aventuro fuera de la habitación echando un vistazo con la puerta entre abierta. Un pequeño pasillo ante mi da a una sala más grande, cruzo el umbral en forma de arco y entro en un salón con unos sofás negros de cuero y muebles de madera clara. Una pequeña barra hace de separación entre este y la pequeña cocina de aspecto moderno.

No hay nadie, estoy sola, en vete a saber donde. Me arrojo sobre el sofá y me percato de la televisión que ahí enfrente. Busco el mando y la acciono el ruido de los presentadores hablando llena el ambiente ya no me siento tan sola, pero es una mentira
por dentro estoy completamente sola.


Dante
Doy mil vueltas para no salir corriendo hacia la habitación a buscarla y tumbar mi cuerpo junto al suyo. No aguanto más me dirijo hacia ella como alma que lleva el diablo, a escasos metros de la puerta oigo el ruido de la televisión amortiguado por las paredes. Esta despierta, el miedo atenaza mis piernas, dispuesto a salir corriendo. Respiro hondo, estoy actuando como un adolescente ante su primera cita.
Tomo el pomo de la puerta y lo giro, me recibe el ruido de la televisión, su olor y una risa musical que me recorre el cuerpo entero, haciendo que sonría también.

Esta sentada en sillón con la piernas cruzadas, riendo, lleva una de mis camisas que definitivamente le queda mejor a ella. Tiene el pelo húmedo y se le pega al cuello. La miro y la deseo, no puedo estar con ella. No la merezco, pero aun así no me puedo alejar. Me acerco hasta ella me sitúo frente el aparato.
Me mira y cierra la boca de repente. Sus ojos fijos en los míos con una mezcla de miedo y necesidad.

- ¿Quieres comer algo? -pregunto, antes de lanzarme sobre ella.
- Si, gracias…-dice nerviosa-.¿Dónde estoy?
- Estas en el complejo…-contesto vagamente, me mira exigiendo mas-. Es donde vivo, en cuantos estés bien te puedes marchar…-siento una punzada de dolor al ver el salto que da su cuerpo.
- ¿Qué es lo que paso? -dice con la tristeza filtrándose en su voz. No quiero contestar, no quiero meterla en este mundo de lucha y sangre. El fuego enciende sus ojos verdes, se levanta decidida a encararme. Me golpea en el pecho con un dedo.

- Tu, dime que es lo que paso, tengo derecho a saber. Ese tipo me mordió, pase horas retorciéndome de dolor. Es lo mínimo que merezco. -grita con furia. Hace que me encienda más. Me gusta que sea indomable.
- No sabes donde te metes, es mejor vivir en la ignorancia…
- No me vengas con esas, quiero, no exijo que me expliques -espeta casi en un siseo.
- Niña tonta…-no me da tiempo a acabar la frase cuando se da la vuelta y se dirige hacia la salida. La tomo del brazo y la giro.
- Suéltame, me voy. Ya estoy bien. -Esas palabras son acido en mis oídos.
- Déjame que te explique. Pero no quiero que preguntes nada, solo te contare lo que es conveniente.
Asiente con la cabeza y se sienta en el sillón.

Después de una hora de explicarle a lo que he dedicado toda mi vida, que es bastante larga. Solo obtengo de ella unas sonoras carcajadas. Santo Infierno que terca es.


Luna
Me a explicado durante una hora lo que según él es a lo que se dedica. Esta demente si piensa que lo voy a creer, matar demonios. Que escusa más mala. No podía dejar de reír y aun más cuando me miraba con cierto odio. Aunque algo de mi me decía que tenia razón, el mordisco, el dolor,¿qué eran?

Me muero de hambre, dirijo una mirada hacia la nevera. Sin dirigirme la palabra se levanta y saca una bandeja para microondas, debe ser que el sueldo de mata demonios no da para mucho. Me hecha una mirada, como si sintiera lo que pienso. Aguanto la risa. Me lanza una mirada divertida.

Después de picotear esa cosa, por que estoy segura de que comida no es.

- Quiero ir a mi casa. -digo, aunque lo que realmente deseo es estar con el.
- Vale, pero antes tengo que darme una ducha -dice con la mirada puesta en mi cuerpo. Una ola de calor me recorre entera.
Asiento con la cabeza incapaz de decir nada.

Se dirige a la habitación con ese paso ágil que marcan sus largas piernas. Me sonrojo al recordarlas entrelazadas con las mías. Me siento en el sillón y miro la tele para impedir que entre por esa puerta y enjabonarle la espalda. Escucho el agua correr y mis nervios corren a la misma velocidad hacia la desesperación.

Doy vueltas descalza y medio desnuda, pensando en lo que me a pasado en una semana. Dos ataques por parte de desconocidos que según Dante son demonios, las luchas y la falta de cuerpos, el dolor cuando me mordió y la luz que vi, tan blanca que no parecía de este mundo.
No se que pensar. No quiero ni pensarlo, el miedo me atenaza el cuerpo. Darla, ¿qué paso con ella? Un teléfono, busco frenética por toda la habitación, nada.

Pego en la puerta del dormitorio, no recibo respuesta, paso y busco ahí también.
Nada, absolutamente nada. El miedo por Darla me hace sentarme. Solo espero que se encuentre bien. Dios que este bien.


Dante
La siento a través de la pared que separa el baño de la habitación, esta nerviosa y tiene miedo. La sensación de que puede que sea por mi hace que sienta un dolor en el pecho. No a creído nada de lo que le he dicho, lo que es normal, yo tampoco me lo haría. Me seco y me visto deprisa quiero acabar con esto cuanto antes, no tiene futuro.
Salgo y lo que veo no lo esperaba esta sentada llorando en silencio, lagrimas saladas bajan por sus mejillas y caen en su rejazo, su cuerpo convulsiona. Me acerco a ella despacio.

- ¿Qué te sucede caperucita? -digo suave para no asustarla.
- Darla…-Hipa, casi no la entiendo- Mi amiga… fuimos junta al club… Dios espero que este bien.
Seco sus lagrimas, estoy completamente perdido. No se consolar, solo matar. Paso una mano por su espalda, creo que lo vi en alguna película. Solloza más fuerte para el movimiento y levanta la cabeza y me mira a los ojos. Rojos por el llanto, se lanza contra mi cuerpo la recibo con gusto. Enrolla sus brazos en mi cintura yo hago lo mismo.
Se siente bien, el calor, el contacto, los olores mezclados, parece natural que estemos así. Pero no me puedo engañar no la voy a tener nunca. Tan cerca y tan lejos.

Deja de llorar. No quiero que se valla, entierro mi cara en su cabello se estremece. Y me maldigo por que ese leve movimiento me excite.
Le dejo que llame a su amiga para asegurarse de que esta bien, finaliza la llamada y clava sus ojo, grises ahora fríos como el acero.

- Dante, te creo. Todas esas cosas de los demonio, confío en ti. -dice rápido, sin respirar. No me lo esperaba y me toma desprevenido.

- Gracias…-susurro-. Esto es serio. Y tu pareces un maldito imán para los desastres -me mira furibunda, continuo antes de que interrumpa-. Tuviste dos ataques de demonios, hay algo en ti que los atrae.

Y yo se lo que se siente. Una necesidad oscura de poseerla y cuidarla, eso es lo que suscita en mi.
Me mira curiosa sobre mis pensamientos es un como un libro abierto. En sus ojos se leen todas sus emociones y necesidades. Veo el deseo en ellos, suelto sus manos que hasta ahora no me había dado cuenta que tenia entre las mías.
No puedo, no debo estar con ella nunca más.


Luna
Lo deseo y lo necesito, siento miedo cuando reconozco lo que siento. Es tan fuerte que me abruma.
Nunca había sentido así, con ansias de posesión, de gritar que es mío, solo mío.
Suelta mis manos de las suyas, el vacío que deja en mi corazón me enfría el cuerpo.
No quiere nada de mi, ya obtuvo todo. Tonta, me digo.
Tonta por pensar que estaría aunque solo fuera un poco interesado en mi.
Tonta por hacerme ilusiones y esperar que se cumplan, pensar y desear que siente algo, lo mismo que yo siento.

Se retira de mi lado, toma algo de un cajón, por el ruido que producen presumo que son unas llaves. Esto llego a su fin, me marcho a casa y nunca lo volveré a ver.
Es mejor así, pienso, aunque no lo siento.

- Espera aquí unos minutos, voy a buscar algo para que te pongas -dice saliendo de la habitación, sabiendo que no iría a ningún lado.

Me tiro sobre la cama con las piernas colgando y los brazos abiertos, si que soy un imán para los líos, sobretodo los que implican el corazón.
Y en este enfrentamiento voy a perder hasta el alma.

Tengo los parpados pesados como ladrillos, me digo que solo los voy a cerrar un segundo. Pero me invade la nada, dulce y placentera. Sin pensamientos, sin demonios y sin Dante y lo que siento en el pecho.
Me dejo llevar, ligera como una pluma. Solo quiero olvidar.

Despierto descansada y extrañamente tranquila, un pensamiento me alcanza de repente, Dante. Me quede dormida esperándolo.
Siento un liviano roce en la mejilla que me encoje el corazón. Respiro hondo atrapando su olor, esta aquí en la cama conmigo. Abro los ojos lentamente.
Esta frente a mi tumbado de costado, mirándome, con una sonrisa colgando de sus labios, eso mismo que muero por besar.

- Buenos días, dormilona. -dice y cada una de sus palabras suenan tan dulces que aun creo estar dormida; Eso es estoy dormida y esto es un sueño maravilloso.
Me inclino hacia el y beso sus labios, es mi sueño y lo voy a disfrutar, y mucho.
Me devuelve el beso y lanza una carcajada contra ellos, el rubor cubre mis mejillas. No es un sueño.

- Si llego a saber que te levantas tan efusiva me hubiera quedado, la ultima vez -dice despacio sin apartar su boca de la mía, hace que me ruborice más aun.
Me aparto bajando la mirada.

- No deberías sentir vergüenza después de lo que hicimos. -dice como si fuera normal. Sus cambios de humor repentinos son como latigazos, por la noche quería que me fuera y ahora parece tan a gusto.

- ¿Quieres desayunar algo? -continua con su monologo, por que no se que decir. Asiento con la cabeza.
Se levanta de la cama. Esta completamente vestido. ¿Habrá estado mirándome cuando dormía?

Dante
Cuando la vi dormida acurrucada sobre si misma una ternura que nunca había sentido me invadió entero. La tape con las sabanas y me pase toda la noche mirándola. Contado cada respiración, viéndola sonreír en sueños.
Cuando despertó y me beso, me supo a gloria. Felicidad en los labios. Reí como nunca lo había hecho en años.
En la cocina preparo unas tostadas y zumo. Cuando lo tengo todo listo en la barra aparece despeinada con mi camisa cubriendo esa cremosa piel que quisiera devorar.
Me sonríe y se sienta sobre un taburete, come con ganas. Tras terminar me da las gracias. No quiero que se valla.

- Te traje esto anoche -digo dándole la ropa que busque, un pantalón y una sudadera.
-Gracias…-y sale hacia la habitación.

Sale vestida, el pelo recogido en una cola alta que hace destacar sus rasgos, sus grandes ojos parecen más vivos. Se muerde el labio nerviosa, le tiendo mi mano; Ella la coge y salimos.
Pasamos por varios pasillos todo ellos con la puertas cerradas, ni loco la llevaría por la sala de entrenamiento llena de esos malditos reclutas.
En uno de ellos nos cruzamos con Ahren, que hace un leve asentimiento de cabeza a modo de saludo y continua su marcha.
A veces salimos a cazar juntos, un fiero guerrero de pocas palabras, pero luchando nos entendemos a la perfección.

Salimos a el aparcamiento repleto de vehículos de todas clases. Mira una de las motos embobada, una R6 negra.

- ¿Te gusta? -ella asiente con la cabeza-. Iremos en ella.-digo y me mira con los ojos iluminados.
- Es preciosa…-dice aun mirando la moto.

Cojo unos cascos y una chaqueta para ella.
Me monto y la invito a subir, se sube detrás pasando sus brazos por mi cintura percibo el calor de su cuerpo sobre el mío, sus muslos apretando mi cuerpo, acelero antes de acabar haciéndoselo sobre la moto.
Entro en la carretera rápido ella se aprieta mas contra mi, tomo las curvas muy cerradas y la escucho reír.
Me sorprende mucho y yo también rió con ella.


Bienvenid@ Invitado


Nyxx
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Danger el Vie Sep 10, 2010 3:25 am

aww
gracias por los capis!!!
ya sabes que amo como escribes y eres y siempre seras
mi escritora favorita *love*




Bienvenid@ Al Infierno Invitado

Danger
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Nyxx el Vie Sep 10, 2010 3:17 pm

De nada guapa!! *love*

Gracias a ti por ayudarme e inspirarme siempre!! aww


Bienvenid@ Invitado


Nyxx
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por alisha el Dom Ago 07, 2011 2:48 am

hasta donde lo he leido esta fantastica la historia

alisha
Iniciado
Iniciado

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Nyxx el Dom Ago 07, 2011 8:55 pm

Gracias guapa.
Espero seguir subiendo pronto que esta todo un poco abandonado


Bienvenid@ Invitado


Nyxx
Admin

Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: Deseo Oscuro

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.